armemos tu rompemicabeza de hoy.
justo antes de despertarme ya me mandabas un mensaje y desde la primer palabra necesito una computadora para seguirte. me gusta eso, claro que me gusta, sino no hablaríamos. pero no me gusta tanto como para levantarme, me importan más las úlimas 50 hojas del libro, me atraen de forma más intensa. tu mejor amigo me manda mensajes (de hecho quiero leer lo que mandó por mail), otro que intenta educarme, me tira un par de títuos para cuando termine con éste. voy terminando y te respondo, no te voy a acompañar esta noche, entrás y salís de dar clase y seguimos en la misma. ante la pregunta de dios y el diablo me desconcertás: sos vos al no llamarlos igual que yo y encima con mayúscula? o querés ser vos? me intriga muchísimo. avanzamos, higueras, benditas sean, qué le pasa a los hombres con ellas? la historia de la fealdad. ahora entiendo que acá salaste a lo sexual, tocando sadismo y masoquismo en sus orígenes, pero porque lo busqué en internet! fascinante. jinete sin cabeza, zorro y vos te atás el pelo. me encanta tu pelo largo. ya está, pasé el límite, querés venir a buscarme entre la tribu, pero yo no estoy ahí, ¿por qué pensaste que iba a estar ahí, dios? así que estás dispuesto a ir más lejos. yo no. la verdad me entretiene pero no me seduce como para bañarme y sacarme el pijama. y acá me desconcerás nuevamente, me estás recomendando un autor o me estás gritando que la locura viene de las ninfas? volvés a lo pasivo, pero no sin la última estocada, sigo sin entender si me estás concediendo una gracia o bardeándome. pero como sé que soy una paranoica y vos medio inocentón, me parece que debería optar por la primera. el final se lleva todos los aplausos, tierra de Morias.
ayer también entré en el pantano de caballito, de esa me va a costar más salir airosa, ya van dos.
Aprendiéndome
Hace 13 años

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