28.7.12

sopor de siesta. seco, clálido, al rato no sabés si respirás por la nariz o por la imposibilidad de dejar de vivir. soñé recién lo siguiente.
Elegí correr el riesgo, después de mostrarle a alguno (que también era yo), que podía tener algo interesante y estaba eligiendo perderlo (yo era "la otra" y también el chico, quien para zafar de mí ("la otra"), me explicaba una mentira que, yo siendo también el chico, sabía que inventaba para ella. Sin embargo era creíble, era un engaño y una traición factible y mientras lo echo también me lo hago, bla). Como decía, elegí correr el riesgo y bajo con tita por el ascensor, va tranquila. Abajo hay un hotel lujoso, deshabitado, con restos de algún regalo grande (y si me llevo algo? ya sé! acerco a tita y esos frascos al ascensor y cuando el portero no mira subo con todo... tantos frascos de dulce (claro, los que trajo mamá de Perú)). Damos un par de vueltas, la gata estaba calmada, miraba, se movía conmigo siempre, yo bajaba y subía escaleritas, me veía reflejada en los espejos y los caireles, en pijama, claro, el pelo atado. Pero el lugar se va llenando de gente, se prenden las luces, va a haber una recepción o algo y yo en pijama y con la gata, que empieza a asustarse. La agarro y me acerco a un ascensor, son cerrados como heladeras viejas, entra sólo una persona, están despintados, traquetean al subir y se golpean al parar. Entro con la gata en creciente pánico, la agarro de las patas firme, intenta huír, tiene mucha fuerza, se cierra la puerta y vamos subiendo, alguien nos llama de arriba. La puerta es de las antiguas manuales con agujeros del lado de adentro, temo por la gata, si se asoma se puede matar, la retengo. Miro la botonera, horror, este ascensor sólo va hasta el 15 ¡yo voy al 17! Después de llegar arriba de todo, la gata ya llora, volvemos a bajar. Nuevamente en la recepción, busco al portero, hay mucha gente ya, empiezan a sentarse, es una función con butacas y yo estoy claramente en problemas. El portero me empieza a explicar cómo llegar a nose donde (cerca de Puyrredón?). Pregunto de nuevo, y entiende. Me dice que sea proporcional, lógica: si en vez de 17 botones, la botonera tiene 15, y si yo voy al más alto en un edificio de 17 pisos, qué más da, que vaya al 15 y voy a llegar. Me siento estúpida, prefiero no confiar en que me equivoqué tanto y doy un par de vueltas buscando otro ascensor, pero del lado de los que van al 17 se acerca la banda sonora de la película, y la gata no soporta el estrés que le produce ese ruido tan fuerte de instrumentos. Volvemos al mismo ascensor, vamos hasta el 15 y ahí pienso/digo: "y si me despierto y ya? sé que tita duerme al final de mi cama". Decido no hacerlo, muchas veces por cobadía me despierto, sabiendo que es un sueño, esta vez no me voy a dejar la mitad afuera, esa que soy en el sueño no va a quedar esperando tras una puerta cerrada sin conflicto ni resolución. Mi yo de la cama, la que sueña, se levanta, corre con las llaves en los bolsillos, mágicamente/entendiblemente/lógicamente traspasadas de los del ascenssor, a la puerta de atrás: estamos en la puerta de servicio. Abre con la llave roja (difícil, no? era la blanca mamita), y me ve en el ascensor, con la gata en crisis que quiere meterse por cualquier lado, hasta por el mismo hueco del ascensor. Estoy trabajdo la puerta dentro del ascensor, acuclillada con la gata pegada a mi panza, contentiéndola, combatiéndola. Vengo y me ayudo, saco a la gata, la agarro del cuello, la piel de atrás, su instinto reacciona y teme caer, se queda quieta, me cuelgo de mi misma y cuando entramos en casa puedo finalmente abrir los ojos: el sopor de mi cuarto, el enriedo de mi cuerpo en las sábanas y tita durmiendo al final, ahora tranquila.

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