Te estoy mirando. Te pintaste los ojos y casi te sacás una foto así, mirándo fijo y feo al foco, a ver si la mirada en la pantalla te hacía sentir culpa. No, la verdad que no. Y me pregunto si no será terrible para vos.
Cuando ibamos al colegio, al seucndario, estaban esas charlas de chateo de cualquier hora. Eramos grupos seguro... como no salíamos por ser muy chicos, nos juntábamos y amontonábamos con trece años tras las pantallas luminosas a intercambiar insinuaciones hormonales. Jaja, qué frío. Justo hoy encima me despertaba de la siesta, paradójicamente antijuvenil (por qué te evaluás al hablar? Seguís encriptando y agregando voces, método de defensa? Saltan todas las de los libros atrás, arrancando por Bella y oscura, me hacés sonreir. Nos hacés sonreir), húmeda. Caliente, con ganas de abrazar una espalda, con ganas de aferrarme a un cuerpo ajeno que me salve de la caída al abismo, que me disperse, que me quiera, que me aleje. Suena casi sintomático. Síntesis, asíndeton, cilicona: jabón. Torso y volvimos al sexo.
Te decía que te miraba. Nos miraba. Todas las palabras que no decimos, se te están pudriendo en la boca, y ahora la tenés reventada, como la primera vez que no hubo sexo. Eterna repetición jaja, otra ruedita del hamster. Hoy leías de las luchas sindicales, de victorias dolorosas que alcanzaron grandes conquistas: sólo 10 horas de trabajo. Flaca, el mundo se cae a pedazos, a nadie le importa si la moral existe cuando no sabe dónde va a caer la siguiente bomba, cuando no comiste, cuando... cuando cuando nos vayamos quizás dejo de escribir sinsentidos. Pero al sacarlos al menos dejan de rebotar adentro, y puedo verlos como diseño en una fuente de luz, sin calor.
No puedo definir mi fidelidad por quién me quiere, es ssencillamente patético no creerse merecedor más que del amor que alguien quiera libremente darme. No es enamorarse meterse en el abrazo de otro y en su cama. Pero entonces, ¿qué es enamorarse para mí? ¿cómo me enamoro? ¿seré capaz? Me desespera sólo pensar que lo que teóricamente conforma la belleza y razón de existencia del que creo mi mundo, me esté vedado. ¿Hay que quererlo también, para que pase? Me acuerdo de cuaando después de infinitas vueltas con Nico buscando un lugar para estacionar, recientemente desvirgados los dos, con eso que compartimos, nos mirábamos sin poder creerlo por compartir una frase de inseguridad y duda primigenia: "decime, afirmá que dos más dos es cuatro y yo te construyo un mundo arriba de eso". Dios no existe, ¿será el amor como él y como el Cuco? ¿soy sincera o reacciono ante la presión de tener que rendir una libre? Demasiado mediocre.
Quién podría amar un montoncito de dudas y cuestionamientos egocentristas? Si seguís llorando vas a llegar muy tarde y encima se van a dar cuenta en la cena, sabés?
Aprendiéndome
Hace 13 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario