29.1.15

es un rasguido de guitarra familiar, la textura que siente la tela contra tus piernas y tus manos al acariciarse la mujer los muslos en danza. Es el atardecer deslumbrante cuando el día estuvo compleamente nublado, la lluvia en a sequía guajira. El ron en las copitas, las ganas y el deseo, la ilusión y la explosión de humo colorido dentro del pecho, el ansia, el solo desbocado de la canción. Es el salo de la barca, la suspensión en el aire, el fuego artificial que se eleva, seguro de su supernova. Es la calma de la hamaca meciéndose en verano, bailando con el mar en la playa: la brisa que seca la transpiración del esfuerzo provechozo. ¿Brilla enre las rocas el diamante?
Alejarme un poco de vos me trae contradicciones: "quién soy sola? quién soy con vos?" Disputan en primer puesto. Es como si todo hubiese sido siempre una joda, y yo me hubiese apuntado para actuar en ese escenario, y me eligieron, y de repente soy Robinson Crusoe, náufraga en una isla: ¿cómo llegué acá? Si yo no creía en esto, si yo siempre estuve joya en mi romanticismo melanco y buscando sexo ocasional. ¿O acaso no era tan así? Es como si me armara el pasado en función del presente, para tener algo para recordar con melnacolía, con nostalgia. ¿Había dinosaurios acá antes?
Me siento más alta, más larga, más simple y sencilla cuando me entierro entre sábanas y hojas, cuando mi emoción y mente, agua y aceite, se licúan en el mismo cause, se estrellan contra las rocas de mi consciencia y moral, súbita y momentáneamente incapaces de aligerar su peso de rocas clavadas en este río. Hacia el mar me dirijo, en una balsa consruída sobre una brújula al revés, invisible a mis ojos, y lo único que islumbro son retazos de tela, o serán peces de colores, o mis ideas y sueños de ayer, quién sabe? Todos resplandecen y reflejan mis ojos desde el fondo. Un baúl transparente pero cuya llave se perdió hace eras en el desierto. ¿Cuál es la última pregunta?

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