No sé si te habrá vuelto a pasar, no sé si antes me pasó, pero me florece el interior y me siento contenta. Humo de palo santo, que relaja y deja esa sensación de algo querido y olvidado, una cama caliente en una mañana de invierno, una almohada fría en las noches de verano. Su sonrisa, mirándome a los ojos, alternando a la boca, la voz simple, franca, la imposibilidad de tocarse, de verse en otro lado, la consciencia de lo finito del momento, de que no se va a repetir, de que nunca va a pasar nada, pero aún así disfrutar el momento que tengo a esa persona cerca, porque sí. Las notas de una canción familiar, un rasguido que alguna vez significó un montón, y
vuelve a hacerlo. ¿Cómo dejé de sentir esto? La frescura de la noche de verano, la transpiración al bailar hasta el cansancio, las cigarras atronando mis sentidos: la respiración profunda en la humedad de lo verde. El deseo, que sólo nace cuando la fantasía fluye libre. El agua es dulce, el amanecer destruye la somnolencia de una mañana que sabe prometer, sin preocuparse de la vanalidad de luego cumplir. Mis sentidos se intensifican y vuelvo a sentir la droga en mi sangre, libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario