estás adentro mío, lastimándome. Y eso es lo horroroso, lo terrible, la dinamita que estalla en pequeñas proporciones, generando heridas que escarbo con astillas de caña de azúcar: adentro mío es el único lugar donde estás, donde me dolés, donde no entrás, pero de donde nunca saliste. Yo te vi, yo te elegí y me gustaste, y te adoré ayer sentado en la mesa frente a mí, con tus ojos azules, tu cara de niño, tu vulnerabilidad manifiesta, tu sonrisa chueca y tus manos de dedos cortos. Y hablamos. Hablé. Y empezó a salir esa podredumbre, de la que no te hiciste cargo: entonces no era cierto? Entonces era sólo yo con mi cabeza? Dije que no quería saberlo, pero nunca imaginé que el saberlo por lo positivo pudiera ser peor: significa que el monstruo acá vuelvo a ser yo. A través del espejo lo único que hay sigo siendo yo en el reflejo: espejo contra espejo el infinito y la nada se desafían con ojos zarcos, pronuncian brujerías y se muerden los labios de deseo por el otro. Intocables, inalcanzables. Si, tan desquiciada como siempre, tan patética, tan chiquita. Tan dispuesta a olvidarme de todo y sepultarlo bajo los océanos. El peor descubrimiento fue que no tengamos piel, que no acabes, que no sepas acariciar, porque tocar si sabés. No, esperá. Creo que también fue feo que ni intentaras buscar un forro. Si, la reja nos calienta a todos, pero en casa ya no hay excusa. Y yo ni lo pedí, de boba, de atontada, de complaciente, a costa de mi cuerpo. Y la voz de Camilo que me dice en la oreja: "Yo no te voy a hacer eso, porque te quiero, porque sé que la pastilla te hace mal y te voy a cuidar". Y yo? Yo no me quiero? Me deshago, te juro que se me cae algo adentro, las teclas y la pantalla se vuelven brumosas y me siento aún más estúpida y ya no sé dónde queda el cielo y sólo quiero esconderme. De todo. De vos, de la luz, de mi vida y de las lágrimas que se me agarran con las uñas a las mejillas. En su gravedad vuelvo a recordar dónde esta abajo, y me acuerdo que el cielo tiene que estar en la otra dirección. Subo y bajo y yo no soy así. Sabes por qué? Porque no quiero. Camilo me va a comprar la pastilla, me va a retar y me va a abrazar. Ahora voy a ponerme a leer cualquier cosa (droga), y a empezar a olvidarte. A olvidarme. Porque me gustás de un modo que me parece enfermo, porque me siento tonta y chica cuando te tengo cerca, porque disfruto mucho estar con vos, pero no te caliento, porque mi boludez roza límites extraordinarios al calificar nuestra "piel" o "química" por un rato de un viernes en el cuál ninguno había dormido casi. Pero es lo que salió, y si no te saludé cuando salía fue porque no me salió de los cojones, lo siento. Soy una persona de mierda, y a veces me acuerdo de que intento laburarlo, pero a veces me sale mal, y lo único que me queda es tomar agua, respirar, abrir un libro y seguir.
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