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4.2.17



Veces y voces más oscuras. Vociferan susurrantes, acusan, esgrimen finas espadas, finos argumentos, finos lenguajes de elección y educación dudosa. Me dijiste elegante? Me dijiste formal! Quién sos? Qué sabés de mi? Quién te invitó a este quilombo? No sos mi dueño y no soy todas mis dimensiones, mis vertientes con vos. No me conocés, o sabrías que nunca me tuviste, que todas mis partes, mis alas, mis piezas, se despliegan y se tiran del piso 8, del piso 17 y nunca venís a volar conmigo. En mis gritos no te invito. Me hubieras atado mientras podías, ahora buscaré alguien más que quiera hacerlo... hablarme al oído, explicarme lo que me va a hacer, condicionarme, circunscribirme, participar conmigo del proceso completo de tensión lenta, el cuerpo sutilmente cambiando de forma: se estira, se amolda a tu deseo, escucha el roce antes de sentirlo. O quizás todo junto. La respiración en el centro del mundo. La sangre que vuela, se acumula, se hincha en el lugar justo. La locura activa el fino cerrojo de tu compostura, y con dedos largos manipula las llaves, juega con ellas, mira de lejos, se entretiene en ver cómo perdés el control entre las sábanas, entre las piernas, entre mi boca y tus posibilidades. Te lo dije alguna vez, te mencioné que quería más que esto, que quería ser más que esto, pero quizás no era para “nosotros”.
Suenan muy fuerte, gargantas que se rasgan como tela. Borbotones de sangre y una pequeña muerte. Vibra y quema, después tiembla. Mira desde afuera de la vidriera roja, sigue caminando: eso no está disponible. Incesante vómito, esto me pasa por quedarme sola acá, ¿le pasa a todo el mundo? Sigo temiendo esta reproducción, temo que sea bella, temo que se detenga, temo que desaparezca, temo que la leas. Te-mo. Mo-te. Modos ominosos tántricamente eróticos. Agua, por favor, y de fondo I put a spell on you, por Nina Simone

26.6.16

Me reencuentro, reencarno, repercuto y reaparezco, retrocedo cinco casillas, miro para atrás porque te creo mi pasado y sos solamente un fantasma en mi futuro deseado y reprimido, nunca vivido ni vívido. Suelto lastre, quiero ver si puedo volar más alto, pero no puedo evitar mirar para abajo y sentir vértigo. Qué sentido tiene todo esto? Afuera la noche se fundió con la lluvia y el frío y puedo reproducir esos tres elementos en mi interior, quemándose a mi roja voluntad, a la que despertó y se alimenta de la oscuridad y putrefacción de ambrosía musical. Emborrachada de raciocinio, despellejando memorias ajenas, rasguñando sentido y sentimiento de un sonido que mi educación pondera melodioso, rítmico, armónico, y que químicamente me perturba al respirar.
Si sufrir se goza es por la vitalidad que conlleva y por la facilidad de alcance que tiene con respecto al disfrute, para el cual son necesarias más condiciones, pero es aún más placentero. Es el camino más fácil el primero, son la nostalgía y la melancolía cainos sencillos? Qué educación puede ser más perversa que aquella que pensamos como la propia personalidad? Me pierdo si salgo de éste laberinto, y tengo miedo de que la luz me cegue si abandono las bellas paredes de mi alojamiento eterno. Si salto de una ventana seguro el laberinto se abre al medio sobre el asfalto, qué saldrá entonces?
Miel y sol.








Anteanoche soñé con vos.

11.5.15

renace, recrudece, revive: se renueva. Rebrota de un tallo mustio, de un tronco podrido, de un gajo quemado. Es mi locura por vos, es mi pasión engrída y sin escrúpulos, es mi pulsión de autodesprecio, mi falta de amor propio que te mira y se babea por tus ojos, por la promesa de los hombros, por el cosntante de tu voz cuando susurrás en las canciones, cuando inclinás el cuello. Bello.

2.8.14

Té. Mate. Té otra vez. Los minutos, los segundos se pegotean y se van por la rejilla, con la mugre. Mentira. La mugre se queda.
Un desierto en la ciudad, un pantano en el living, la música que se divide en instrumentos sonando solos, antes de llegar a mis oídos. Ruido hermoso. Cierro los ojos y la luz se proyecta sobre ellos como a través de un ventilador. Abro los ojos y sigue pasando.
Es un hormiguero, es la omisión, es todo lo que nunca pasó y la antimateria. Un círculo negro, asshole, engulle. Miro de afuera y te eo enloquecer: vas a llegar al límite de la razón y sólo te vas a estar mirando en el espejo que hay debajo. Esto es el agujero de Alicia, aunque te tires de cabeza y te comas los gusanos, siempre estás en el País de las Maravillas. Entre Marte y Venus.

26.7.14

mátenme. Es como jugar a ser grande teniendo cuatro, es como las historias de legos o de barbies. Una calesita que gira, me marea y me deja de nuevo en el mismo punto. Necesito dormir, justo ahora voy a descubrir qué me gusta más o es la culpa o una inexistente moral, o bueno... necesito dormir.
Igual, qué lindo el contacto de tu piel, no?

21.6.14

siento que me enrosco, complico, desato y te ofrezco mi mejor pedazo. Blandito, sabroso, fácil de masticar y sin fibra. Pero bueno, se ve que de nada sirve: retroceda al inicio, como en el juego de la oca. Me tenés los huevos inflados ché. Y lo peor es que soy yo sola en la discusión, porque jamás te diste por aludido y yo jamás me animé a encararte. Otra comunicación fallida en el mundo, otro amor que no será.

31.5.14

me hago cachitos. Me hago cachitos y leo poesía. Me hago cachitos y leo poesía y te escucho en tu proyecto más amado.
Pienso que no sirve de nada sentirse mal, pero hago tantas cosas que no sirven de nada. ¿Qué es servir y a quién habría que servir o de servir qué? Ser-vir.
Retirándome, retruco y recabo. Rozo rezando razones repetidas y reiteradas, ratones, ríos rojos, regiambre risible radicada, remotamente rota. Reís y retozo, reís y racionalizo: reís y renuncio. No quiero hacerte mal, pero no sé si es porque te quiero o porque no te quiero.

(me derrito escuchándolo seducir al micrófono con su elipsis introvertida, murmura bajito que mi mundo se calla para oír tu respiración)

8.2.14

estás adentro mío, lastimándome. Y eso es lo horroroso, lo terrible, la dinamita que estalla en pequeñas proporciones, generando heridas que escarbo con astillas de caña de azúcar: adentro mío es el único lugar donde estás, donde me dolés, donde no entrás, pero de donde nunca saliste. Yo te vi, yo te elegí y me gustaste, y te adoré ayer sentado en la mesa frente a mí, con tus ojos azules, tu cara de niño, tu vulnerabilidad manifiesta, tu sonrisa chueca y tus manos de dedos cortos. Y hablamos. Hablé. Y empezó a salir esa podredumbre, de la que no te hiciste cargo: entonces no era cierto? Entonces era sólo yo con mi cabeza? Dije que no quería saberlo, pero nunca imaginé que el saberlo por lo positivo pudiera ser peor: significa que el monstruo acá vuelvo a ser yo. A través del espejo lo único que hay sigo siendo yo en el reflejo: espejo contra espejo el infinito y la nada se desafían con ojos zarcos, pronuncian brujerías y se muerden los labios de deseo por el otro. Intocables, inalcanzables. Si, tan desquiciada como siempre, tan patética, tan chiquita. Tan dispuesta a olvidarme de todo y sepultarlo bajo los océanos. El peor descubrimiento fue que no tengamos piel, que no acabes, que no sepas acariciar, porque tocar si sabés. No, esperá. Creo que también fue feo que ni intentaras buscar un forro. Si, la reja nos calienta a todos, pero en casa ya no hay excusa. Y yo ni lo pedí, de boba, de atontada, de complaciente, a costa de mi cuerpo. Y la voz de Camilo que me dice en la oreja: "Yo no te voy a hacer eso, porque te quiero, porque sé que la pastilla te hace mal y te voy a cuidar". Y yo? Yo no me quiero? Me deshago, te juro que se me cae algo adentro, las teclas y la pantalla se vuelven brumosas y me siento aún más estúpida y ya no sé dónde queda el cielo y sólo quiero esconderme. De todo. De vos, de la luz, de mi vida y de las lágrimas que se me agarran con las uñas a las mejillas. En su gravedad vuelvo a recordar dónde esta abajo, y me acuerdo que el cielo tiene que estar en la otra dirección. Subo y bajo y yo no soy así. Sabes por qué? Porque no quiero. Camilo me va a comprar la pastilla, me va a retar y me va a abrazar. Ahora voy a ponerme a leer cualquier cosa (droga), y a empezar a olvidarte. A olvidarme. Porque me gustás de un modo que me parece enfermo, porque me siento tonta y chica cuando te tengo cerca, porque disfruto mucho estar con vos, pero no te caliento, porque mi boludez roza límites extraordinarios al calificar nuestra "piel" o "química" por un rato de un viernes en el cuál ninguno había dormido casi. Pero es lo que salió, y si no te saludé cuando salía fue porque no me salió de los cojones, lo siento. Soy una persona de mierda, y a veces me acuerdo de que intento laburarlo, pero a veces me sale mal, y lo único que me queda es tomar agua, respirar, abrir un libro y seguir.

7.11.13

Y ahora qué? Me levanté tarde, me dormí, me desinflé y la noche se ocupa de llenar las cuencas de mis ojos de hermosa luz artificial. Yegua. Sin ganas, con el contrarreloj del rubio que ocupará la habitación contigua, con el plan de la vivienda, con las ilusiones de menor, con la voz a flor de piel y los ojos mirando el sueño ("de qué te reirás, linda?"), digo suelo. Una hormiga que recorre la mesa me recuerda los pensamientos de la mañana (qué pasa si pongo una hormiga roja de argentina entre hormigas rojas de otro país?), y los de ahora (hormiga argentina-hormiguita viajera-mierda, dónde voy?). Será que cuando aprendés una forma de vivir la agotás, hasta que te mata o la matás? Batallas bíblicas, patas de gato y esas combinaciones de letras que toman un tinte mágico cunado a cada una le pintás el sombreado de la espera: tenue, prometedor, mentiroso. Siguiente acto, se escucha el mensaje y una voz gruesa, irracional, emocional, sentimental, inconmensurable, atronadora y cavernosa: años de gastar cigarrillos en tu memoria, grita. Ecos que destrozarían el metal de las vías y una despechada que encorva la espalda bajo el peso de su propio desengaño "puto, reputo!" Jajajaja, genial. Soy tan tonta que no creo que vaya a gustarle a nadie así, pero al menos tengo un genial libro encallado junto a la cama.

2.10.13

atracones. Parece que no supiera existir (vivir dijiste?), de otra manera. Tus uñas arañando todo, el ruido de mi culpa inunda el callejón de la inseguridad, de la maldición de la drogadicción. Atracones de nuevo. Me escondo, me escabullo, enferma repto por los rincones de mis preguntas, buscando un signo de puntuación olvidado que me dé pausa y paz. Atracones de todo. Atracones de letras buscando a Dios (no me mientas, sabés que buscamos al Diablo), sin entenderlo, sin digerirlo. Atracones de vos: te busco entre todas las fotos del pasado, entre todos los gratos recuerdos que cuidadosamente extirpé de mis pupilas y tímpanos por meses, como filos de aguaviva de la piel muerta de un ahogado. Y lo peor es encontrarte. Desaparecé. Atracones de información: no quiero saber que la felicidad no existe, que este caos celebra la ignorancia porque la sabiduría es la creencia de otra religión que vanagloria el sufrimiento. Y te encuentro en una foto, posando junto a tu familia. Y no te reconozco. Y me veo en tus pupilas, devolviendo (sin degustar?), la mirada de cansancio, con las manos lastimadas por tus dientes (mis dientes, tu boca, nuestra lengua, ningún idioma) en la parte superior de la mano. Es el esfuerzo por cerrar la garganta que ya nunca y siempre será poderosa o profunda.
Nostalgia de manos sin descubrir, estoy a punto de caer por el mismo hoyo que vos cavaste para llegar a China y a Alicia? O acaso lo perforé yo para vos? De nuevo, qué ingenuo y acertado pensar de esta forma en nuestra (acaso hay algo plural acá?), creación. Llevo años pariendo tu hijo, sólo que a veces me olvido.

5.9.13

Los años corrieron, las lágrimas en sus mejillas cultivaron las arrugas que ahora cubren sus expresiones, como un fino velo que sólo se eleva en contadas ocasiones. Quizás cuando sus oídos tapados de palabras, inmersos en el agua de los minutos perdidos y gastados, perciben (creen percibir?) un "magari" en vez de un "quizás" el recuerdo la transporta (ya no la invade, no le quedan tantos hombres al frente).
Es vieja, claro. Pasadas aventuras sobre una moto le dejaron astillas donde había una rótula. Pasados amores le dejaron polvo donde debía estar el sentimiento divino.
Anoche se levantó al escuchar las fiestas locales: esta lejos de la patria, tanto que ya no recuerda el sonido del 60 a las 6.35, ni el eterno y rutinario saludo del ascensorista mientras abría y cerraba la puerta de rejas (siempre pensó que era el único hombre que hacía dos cosas bien al mismo tiempo). Pero esta lejanía no sirvió de bálsamo, este tiempo transcurrido no fue una tela sobre sus cansados muebles que evitó el amontonamiento de polvo. Fue agua: pasó rápido y erosionó todo lo que tocaba con su cambio constante. Las heridas no sanaron y hoy mira a las 2.43 de la mañana como unos mocosos compran cerveza en el 24 hs de abajo, de la forma más ruidosa posible. Mira y piensa si llama a la policía. Los movimientos son lentos, pero tan practicados que hasta parecen precisos: lo hizo tantas veces ya que sabe el procedimiento de memoria y hasta ha elaborado una fórmula de pocas palabras para explicar su situación y dar su dirección utilizando la menor cantidad de saliva posible: es vieja, reitero, pero consciente de que la policía no es en esencia distinta de estos muchachitos de bajo su ventana.
Comienza el movimiento. Uno de los pies enfundado en una chinela barata comienza a retroceder para dar paso al movimiento de cadera que la va a posicionar de perfil a la ventana y de frente al teléfono, pero entonces ocurre. Con el último estertor de la mirada, antes de cerrar el campo visual de aquella imágen lo reconoce en uno de los ya mencionados "mocosos". Es él. Con sus 19 años y toda la seducción naciente insinuada en las líneas de su espalda, se ríe. Tiene los mismos movimientos, el mismo color de piel que ella calificaba de realeza: blanco sin llegar a pálido, clarito sin llegar a muñeca de porcelana o barbie, como dicen ahora. Parece de la misma altura, tiene los mismos hombros fuertes, bien modelados, ahí, donde la remera cae con gracia para soltar la imaginación sombre la curva que antecede la cola (el punto en el cual ella lo abrazaba). No ve sus ojos, pero los intuye del mismo azul ("ojos de perdición!"). No escucha sus palabras, pero sabe que la desconciertan. Mira atónita, el pié con la pantufla barata regresa lentamente y se descubre con sorpresa descalzo, pisando el que antes fuera un suelo alfombrado con un nuevo tacto a madera. Su garganta de 19 años de placer y sueños por cumplir emerge de las profundidades que la sepultaron bajo 72 años más y grita y llora. Desespera, y aquel monstruo que se acurrucaba al bello sonido de la melancolía de los tangos y los libros de ciencia ficción, cobra envergadura y decide finalmente cumplir su propósito en la tierra. "Dejá de esconderte! Dejá de mentirme y de mentirte! Dejá de calcular cada paso que das! Dejá de ser un fantasma que grita lamentos en torno y convertite en un hombre o desaparecé y dejame enterrarte como el cadáver que sos! Desaparecé para siempre o viví conmigo la pena y el dolor! Te odio desde que te recuerdo, te amo desde que empecé a odiarte y no me dejás vivir, porque no sé si quiero sin vos! Quereme y atame a vos, y después de tirar la llave de mi celda, dame la mano, para saber que estás adentro conmigo. Quereme auque yo no me quiera, quereme aunque soy débil, quereme aunque sea mortal y mi vida dure por siempre. Quereme porque soy el caos y el diablo y porque no quiero aprender a vivir sin mirarte sin verte en esta oscuridad."
El viento de una perdida ciudad iba a ser el único destinatario: los fuegos artificiales ahogaron los recién nacidos vocablos (que probaron haber nacido con la fortaleza de sus gritos, justicia sea hecha). Quemaron también el camisón que hacía juego con las chinelas de animal print.