Resulta horrorosamente atractivo, no? Una pantalla, letras,
caracteres, mil formas de seducción. Ablución. Comerte la cabeza por acá. Me
gustaría escribirte, ver si sos la única persona que puede leerme y palpar
ahora las rugosidades del alma que no tengo. Un largo mail, que me hubiese
gustado fuera una larga carta (de mi puño y letra: a falta de gestos, buenas
son las imprecisiones de una mano humana), en donde te cuento esto: que
comparto ése ámbito con vos. Que estoy aún anclada en años pasados, que la
lluvia y los días nublados me acorralan, que me fascina y aterra lo sensual de
las mismas palabras colocadas en otro órden. Que disfruto, a veces. Que a
veces.. bueno, no. Que vivo, y soy consciente de ello, y me exprimo, pero al
olvidar que no soy cítrico, me genero mil y un lastimaduras en la piel. Que me
miro en los espejos de la casa, bien de cerca, a ver si me descubro haciendo un
gesto que no hice. Que me masturbo con recuerdos inexistentes. Que nunca amé, y
que hoy evito el contacto con la gente porque tengo que dar explicaciones. Que
visto mi culpa y miserias de cotidiano y al entrar a la soledad los dejo en la
puerta, como los japoneses con los zapatos. Te contaría que tu libro me resulta
una declaración de principios, me encanta buscarte entre los personajes, donde
estás todo el tiempo, aunque no te conozca. Lo hago siempre, por eso estoy
enamorada de los escritores de ciencia ficción, y los detesto por yanquis (y
los admiro por lo mismo: hay que crear cabeza allá). Hoy me dí cuenta que
Sasturain sí tiene mujeres: esas que atraviesan un relato con nombre y quedan
grabadas fuera de la historia. Fatma y Lucía de Montero, Selva de Sasturain, Gabriela
de Amado, Ana de Tolstoi, Lulú y Paloma de Grandes, María de Serrano, Arha de Le
Guin, África de Padura, todas son Ella de Haggard: “me duele una mujer en todo
el cuerpo”.
En aislamiento produzco. No tengo opción, no se me apaga la
cabeza. Cuando todos fuman, se relajan y disfrutan, yo enloquezco: las
conexiones se vuelven infinitas, la relajación de los lazos hace que las aguas
reblasen los canales y todo se inunda, miles de corrientes chocando: el océano
en furia gris. Me deshago de mi, me desmembro, me desahogo, me desvanezco y
deliro. Damnificada diócesis dictatorial y dañina: pagana al fin. Absoluta.
Por eso no entiendo cuando mencionaste que te gusta la introspección: yo le temo. Las paredes se vuelven polvo acumulado ex profeso, las puertas (de su cara) carecen de goznes, la jaula es explícita porque soy mi reflejo en tus pupilas: esas que no me miran ya, porque, sombra mía, no existís más que en el futuro que no voy a elegir.
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