Veces y voces más oscuras. Vociferan susurrantes, acusan,
esgrimen finas espadas, finos argumentos, finos lenguajes de elección y
educación dudosa. Me dijiste elegante? Me dijiste formal! Quién sos? Qué sabés
de mi? Quién te invitó a este quilombo? No sos mi dueño y no soy todas mis dimensiones,
mis vertientes con vos. No me conocés, o sabrías que nunca me tuviste, que
todas mis partes, mis alas, mis piezas, se despliegan y se tiran del piso 8,
del piso 17 y nunca venís a volar conmigo. En mis gritos no te invito. Me hubieras
atado mientras podías, ahora buscaré alguien más que quiera hacerlo... hablarme
al oído, explicarme lo que me va a hacer, condicionarme, circunscribirme, participar
conmigo del proceso completo de tensión lenta, el cuerpo sutilmente cambiando
de forma: se estira, se amolda a tu deseo, escucha el roce antes de sentirlo. O
quizás todo junto. La respiración en el centro del mundo. La sangre que vuela,
se acumula, se hincha en el lugar justo. La locura activa el fino cerrojo de tu
compostura, y con dedos largos manipula las llaves, juega con ellas, mira de
lejos, se entretiene en ver cómo perdés el control entre las sábanas, entre las
piernas, entre mi boca y tus posibilidades. Te lo dije alguna vez, te mencioné
que quería más que esto, que quería ser más que esto, pero quizás no era para “nosotros”.
Suenan muy fuerte, gargantas que se rasgan como tela.
Borbotones de sangre y una pequeña muerte. Vibra y quema, después tiembla. Mira
desde afuera de la vidriera roja, sigue caminando: eso no está disponible.
Incesante vómito, esto me pasa por quedarme sola acá, ¿le pasa a todo el mundo?
Sigo temiendo esta reproducción, temo que sea bella, temo que se detenga, temo
que desaparezca, temo que la leas. Te-mo. Mo-te. Modos ominosos tántricamente
eróticos. Agua, por favor, y de fondo I put a spell on you, por Nina Simone
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