Y ahora qué? Me levanté tarde, me dormí, me desinflé y la noche se ocupa de llenar las cuencas de mis ojos de hermosa luz artificial. Yegua. Sin ganas, con el contrarreloj del rubio que ocupará la habitación contigua, con el plan de la vivienda, con las ilusiones de menor, con la voz a flor de piel y los ojos mirando el sueño ("de qué te reirás, linda?"), digo suelo. Una hormiga que recorre la mesa me recuerda los pensamientos de la mañana (qué pasa si pongo una hormiga roja de argentina entre hormigas rojas de otro país?), y los de ahora (hormiga argentina-hormiguita viajera-mierda, dónde voy?). Será que cuando aprendés una forma de vivir la agotás, hasta que te mata o la matás? Batallas bíblicas, patas de gato y esas combinaciones de letras que toman un tinte mágico cunado a cada una le pintás el sombreado de la espera: tenue, prometedor, mentiroso. Siguiente acto, se escucha el mensaje y una voz gruesa, irracional, emocional, sentimental, inconmensurable, atronadora y cavernosa: años de gastar cigarrillos en tu memoria, grita. Ecos que destrozarían el metal de las vías y una despechada que encorva la espalda bajo el peso de su propio desengaño "puto, reputo!" Jajajaja, genial. Soy tan tonta que no creo que vaya a gustarle a nadie así, pero al menos tengo un genial libro encallado junto a la cama.
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